El CNI también tenía agentes durmientes infiltrados en los países con más peso específico en la esfera política y económica mundial. A la mayoría de estos agentes les movían intereses meramente lucrativos, como la apertura de cuentas en paraísos fiscales que les garantizasen una buena jubilación en alguna de las playas paradisiacas que llenan los escaparates de las agencias de viajes. Este no era el caso de teniente del alto mando del ejército israelí Gabriel Mizraji.
El teniente Mizraji ocupaba un eslabón en la cadena de mando sumamente atractivo para cualquier agencia de inteligencia: era el asistente del coronel David Biton, antiguo mando del Mossad, y aún vinculado a la agencia israelí. Gabriel Mizraji gozaba de plena confianza por parte del coronel. Era una persona de firmes principios patrióticos, incapaz de traicionar a su país, por tanto, el CNI se vio obligado a utilizar otra estrategia para reclutarlo. Todo el mundo tiene algo que ocultar en el presente o en su pasado. El teniente estaba casado con Sara y tenía dos niñas de diez y catorce años, pero la atractiva y joven rubia de las fotos que un mensajero le entregó en mano al teniente dentro de un sobre no eran de Sara, sino de su amante, Queila, con la que aparecía practicando más de una postura del Kama Sutra en el apartamento de esta.
